Briskman ha estado trabajando en marketing y comunicación para un contratista federal con base en Virginia durante 6 meses. Ella pensó que era mejor alertar al departamento de Recursos Humanos sobre la repercusión que estaba teniendo la fotografía. Después sus jefes la llamaron para reunirse. «Ellos dijeron: nos separamos de ti. Básicamente dijeron que no podía tener fotografías obscenas en mis redes sociales. Es decir, le dieron la vuelta a la historia»

Ella dijo que la compañía estaba disgustada de que ella hubiera usado esa imagen como foto de perfil de Facebook y Twitter, y le dijeron que había violado la política de redes sociales y podía perjudicar la reputación de la compañía como contratista del gobierno.

Briskman apuntó que en las redes sociales ella no dijo en qué trabajaba y que este incidente ocurrió en su tiempo libre. También alegó que un compañero publicó un insulto sobre otra persona en Facebook pero no por ello perdió su trabajo; a este empleado solo le hicieron borrar dicha publicación.

La solidaridad no se ha hecho esperar y ya se ha iniciado un crownfunding para hacer llegar dinero a Briskman.

Para ella: «estoy en lo cierto. Me siento enfadada por cómo está mi país ahora. Esto ha sido una oportunidad para decir algo»

Juli tiene 50 años y es madre de dos hijos. Ahora debe volver a buscar otro nuevo trabajo por culpa de expresar su opinión en su tiempo libre.

 

Fuente: The Guardian

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